Lo que a nosotros nos sobra a el le falta.
Y ahí estábamos, una noche más, en el Moloka Mitz Bar, el mejor lugar de la abrumante metrópoli dónde encontrar algo de velocet joroschó que mezclar con moloko para preparar nuestras ya colapsadas quijoteras para una nueva y beneficiosa sesión de ultraviolencia.